Prólogo
Era hora de cambiar. Era hora de tomar las riendas de mi vida. Ya estaba cansada de que todo me saliera mal. A partir de ahora iba a ser la chica que quería ser.
Capítulo 1
Las cosas me iban bien. No me podía quejar. Vivía en Nueva York, pertenecía a una familia adinerada, tenia novio y unas buenas amigas.
Este año empezaría la carrera y aún no tenía muy claro que sería de mi futuro, y aunque no me preocupaba en exceso, quería hacer algo que me llenase, algo que realmente me gustase.
A mis padres no les importaba la carrera que escogiese, solo querían que su pequeña niña fuera a una buena universidad. Mis notas eran aceptables, así que podía elegir la que me apeteciese.
Estaba bastante cansada del ambiente de la ciudad, me apetecía cambiar de aires, así que decidí irme lo más lejos posible. Mi destino fue París.
A mis padres la idea no les hizo mucha gracia pero sabían que en La Sorbona podría hacer lo quisiera.
Después de mucho pensarlo decidí hacer Marketing y Publicidad. Me gusta la moda y todo el mundo que le rodea, y era un modo fácil de acceder a él, así que era la excusa perfecta.
Mis amigas irían a otras universidades, ellas son menos rebeldes y se quedaron en Estados Unidos. Una fue a Yale, otra a Columbia y otra a la universidad de Nueva York.
Aunque no me da miedo empezar en un sitio nuevo, soy muy atrevida e independiente para estas cosas, agradecí que mi novio tomara el mismo destino que yo. Nos iríamos a vivir juntos y seriamos una feliz pareja.
Capítulo 2: Todo cambia
Cuando crees que eres la persona más feliz del mundo, todo gira y el destino te pega una patada en el culo.
¿Te encanta tu piso parisino? Tu casera decide que sus sobrinos vivirán allí.
¿Crees que tienes las mejores amigas del mundo? De repente te dicen que las has abandonado por un chico y se sienten aisladas.
¿Estás enamorada de tu novio? Una noche llega a casa y te dice que ya no te quiere, que hay otra chica…
¿Eres una buena estudiante y te gustan tus estudios? No consigues concentrarte y empiezas a suspender.
¿Alguien da más?
Ante semejante panorama no me quedaba más remedio que volver a casa. Necesitaba a mi madre. Volvía a Nueva York.
Capítulo 3: Desesperación¿Qué haces con tu vida cuando te quedas sin futuro, sin amigas y sin novio? Creéme, no quieres salir de la cama. No se lo deseo a nadie. ¿Que sería de mí en una ciudad como Nueva York?
Estuve mucho tiempo decidiendo que hacer, pero no encontraba la solución. Me sentía como un transeúnte solitario por la vida. Alguien invisible para el resto del mundo. Me sentía… nada.
Era verano, mi tiempo lo invertía en tomar el sol, leer, navegar por Internet y ver series. Así la vida parecía más fácil. Pero sabia que eso no me llevaba a ningún sitio, en algún momento tenía que ponerme las pilas y actuar. Pero no era el momento, aún no.
Un anuncio llamó mi atención. Una pagina Web para conocer gente.
Eso es de pringados.
¿Soy una pringada?
Lo soy.
Total, no pierdo nada.
Así que decidí entrar. Me tenía que crear un perfil. Rubia, alta, guapa, estilosa, gorda,…
No, eso mejor no.
Si. Soy alta, rubia, estilosa, guapa, con dinero, inteligente y gorda.
Algo falla en la ecuación. ¿Por qué el resto de adjetivos pierden poder cuando aparece la palabra gorda? Es como el cero en la matemáticas que cuando aparece multiplicando lo anula todo.
Puedes ser fea y un palillo y triunfar en la vida. Pero si eres gorda da igual que seas guapa. Todos te dirán lo mona que eres, pero que perder unos kilos no te vendría mal.
-¡Miren señores soy una foca porque me gusta!- Solo me falta pregonarlo.
Intento convencerme, pero no es así.
Llevo toda mi vida a régimen, a veces estoy mejor y otras peor, pero nunca he sido delgada. Me gusta comer y soy muy vaga para hacer deporte.
Es complicado ir de tiendas cuando no entras en las tallas. Nunca he sentido que la dependienta me mire mal porque no tienen ropa de mi talla como comentan otras chicas. Al contrario, muchas se sorprendían de mi modo de vestir y me preguntaban donde adquiría la ropa. Muy sencillo, me la hacia yo.
Cuando eres una apasionada de la moda y no entras en el canon de belleza de la sociedad no tienes que resignarte a ser la fea de turno. Al menos yo no lo hacía.
La moda era mi gran pasión. Era una chica apañada y la aguja no se me daba mal. Buena conjunción, ¿no?
Me creaba mis propios vestidos.
Eso si, casi siempre vestidos. Los vaqueros dejaban ver demasiado mis enormes muslos.
Me gustaba el modo de vestir de las chicas de Gossip Girl.
El estilo de Serena me gustaba. Pero arriesgaba demasiado. Aunque con ese cuerpo es lógico arriesgar. Cuando podía la imitaba.
Sin embargo, Blair era más yo. Ese estilo recargado, lleno de complementos, el aire bohemio y college que siempre llevaba me encantaba.
Muchas veces creaba mis propios diseños pero ellas eran mi inspiración.
No era fácil, pero mi asistenta me echaba una mano de vez en cuando, entendía de patronaje y conocía mis gustos.
Al principio, me desesperaba. ¡No sabía que la costura requiriera tanta paciencia! Pero tenía mi mérito, nunca había estudiado patronaje - a mi padre le habría dado algo, para él eso era algo sin sustancia - y conseguía hacerme buenos trapitos.
El diseño para mí era un buen entretenimiento. Me distraía, me venía bien para no pensar en todo lo ocurrido y así podía vestir como a mi me gustaba.
Aunque como sabéis la ropa no lo es todo en los estilismos. Los complementos son importantes.
En ellos si que me gastaba miles de dólares.
Eran perfectos.
Nunca te decían si estabas más o menos gorda. Un bolso siempre queda bien. Unos zapatos realzan tu figura. Las diademas hacían lucir mi larga melena rubia.
Cuando compraba complementos era cuando realmente disfrutaba del shopping. No me sentía acomplejada ni menos que el resto de chicas guapísimas que me rodeaban en las tiendas. Podía ser realmente yo.
Para mi reaparición pública necesitaba un vestido.
Era hora de ponerse manos a la obra.
Capítulo 4: ¿Llegará el día?
Los días se me hacían interminables. De la cama a la toalla, de la toalla a la cama balinesa, de ahí al sofá y vuelta a empezar.
Esto me aburría, tenía que hacer algo, pero estaba atemorizada. No sabia que me esperaba fuera, así que me refugié en mi mac.
Decidí ver el correo.
Había olvidado el perfil que me había creado, pero un nuevo e-mail me lo recordó.
¿Entro? Pfff, no sé, hay mucho loco suelto.
Pero estoy muy aburrida.
Papá tiene guardaespaldas, siempre me podrán proteger.
Voy a entrar.
Guau! ¡Hay muchos chicos interesados en conocerme! ¡Que sorpresa!
Puedo intentarlo- pensé. Y comencé a chatear…
Lo que yo decía o locos o pringados.
¿La gente que se cree? Los tíos más feos se creen que ligarán con chicas bonitas a través de una foto. Yo tampoco estoy para exigencias así que decidí darle una oportunidad a cada uno.
- ¡Hola! ¿Que tal?
- ¡Hola! Muy bien. ¿Y tú?
- Pues aquí matando el tiempo.
- ¿Que te cuentas?
¡No! Odiaba esa pregunta. Cuando alguien no sabe que decir, te pregunta ¿Que te cuentas? Pues si te lo digo quedaría como una ordinaria, así que me lo reservo.
Puede que sea solo una manera de mostrar interés. Existen muchas maneras de comenzar una conversación: ¿Como te va? ¿Que es de tu vida? Cuéntame algo de ti,… Pero “que te cuenta”s eran las palabras clave para mi para dar por finalizada la conversación.
Esto no me aportaba nada. Apagué el ordenador.
Capítulo 5: Apareció
Lo sé. Dije que no me interesaba. Pero me mataba el aburrimiento.
Volví a entrar al Chat.
- ¡Hola!
- ¡Hola! Soy Charles ¿Como te va?
- Yo soy Loewe. Aquí estoy, intentando distraerme un rato, ¿Y tú?
- Muy cansado. Acabo de llegar de un viaje.
- Ah, ¿si?
- Así es, fui a Londres a ver un concierto de Oasis.
- Pero visitarías la ciudad, ¿no?
- No. Era un viaje de ida y vuelta. Solo fui al concierto.
- Jajaja ¡Eres un tipo raro!
- Lo sé, pero ¿a que te gusta?
Mierda. Siempre falla la conexión en el momento más oportuno.
Paso. Me voy a la cama.
A la mañana siguiente me levanté con pocas ganas. Era mi último día de vacaciones y debía retomar la universidad.
No quise encargarme del papeleo así que fue Miranda, mi asistenta, la que lo formalizó todo.
Continuaría estudiando Marketing y Publicidad, pero me lo tomaría con tranquilidad. No me apetecía mucho. Me costaba recuperarme de los sucesos pero algo tenía que hacer.
Me lo tomaría con filosofía. Daría un paseo, me tomaría un baño y pensaría la ropa para el primer día de clase.
Sonó el despertador. Era el día.
Me duché y me maquillé. Como casi siempre polvos, colorete y máscara de pestañas. No quería destacar mucho. Prefería pasar desapercibida y ya llamaba bastante la atención con mi tamaño.
Cuando llegué todo estaba abarrotado, pero encontré mi clase con facilidad. No me sonaba nadie. Tomé mis apuntes y volví a casa.
Esa mañana había venido a mi mente el chico del otro día. Tenía curiosidad por volver a hablar con él y ver como era, así que me conecté para ver si estaba por allí.
Tuve suerte.
- ¡Hola!
- ¡Hola!
- ¿Que tal?
- Pues bien. Hoy he comenzado las clases. ¿Y tú?
- Pues igual. Hoy también ha sido mi primer día.
- Por cierto. ¿Dónde estudias?
- Estudio en Madrid, pero soy de Washington.
- Vaya, si que te has ido lejos. Yo estudié el curso pasado en París.
- Que bien. ¿Que tal la experiencia?
- Mejor no recordarla.
- Jajaja.
¿Que le decía ahora? Odio estos momentos en blanco.
- ¿Tienes alguna foto para verte? – me preguntó.
¡Oh no! ¿Que hacía? Me caía bien y no quería asustarlo.
Tendría que asumirlo.
Le envié el archivo. La foto en la que me vi más favorecida.
-Eres muy guapa.
-Puede. Pero estoy gorda.
-Me gustas así.
-Jajaja. ¡Que mentiroso! ¿Me mandas tú ahora una?
Recibí la foto. ¡Madre mía! Era guapísimo. ¿Cómo podía decir que le gustaba?
Aparecía en una playa bellísima. Tenía media melena castaña con reflejos rubios, ojos azules, alto y estilizado.
Esa foto tenía toda la pinta de ser falsa.
-Ese no eres tú – dije.
-¿Cómo que no?
-No sé, es demasiado perfecta. Además los chicos guapos no chatean.
-Seré la excepción.
-Mándame otra – le pedí.
Y así me mando varias fotos y pude comprobar que era el mismo chico, lo que no me aseguraba que fuera él.
En casi todas aparecía con chicas muy guapas, lo que no me hizo sentirme demasiado bien.
Continuamos hablando sobre nuestras vidas y se nos fue la noche entera.
Este tipo me gustaba pero estaba muy lejos.
Bueno, al menos era un entretenimiento.
Capítulo 6
Los días eran cada vez más aburridos y solo había algo que me sacaba una sonrisa. Él.
No tenía mucho sentido. Nos conocíamos muy poco, pero hablar con él me reconfortaba. Cada vez teníamos más confianza, hablábamos sobre todo y lo más importante, me devolvía las ganas que había perdido con todo lo ocurrido. Lo malo era que esas ganas se esfumaban a las pocas horas de acabar la conversación, y aunque me satisfacía, no me era suficiente.
Encendí mi Mac.
No estaba conectado.
Decidí hablar con otros chicos y hacer tiempo por si aparecía.
Nada interesante.
La verdad es que no prestaba mucha atención a lo que me contaban. Esas conversaciones comparadas con las suyas eran aburridas e interminables.
De repente, apareció.
Me faltó el aire un segundo. Le saludé en cuanto reaccioné.
-¡Hola!
-¡Hey preciosa! ¿Como estás?
-Como siempre. Ya sabes, yo y mi ánimo disfórico.
-Jajaja. Estás un poco colgada, pero me encanta que seas así.
-Pues no es divertido.
-Lo sé. Me gusta tu modo de ser, pero se que a veces no lo pasas bien.
-Así es.
-Pero sabes que me tienes cuando te haga falta.
-Ya pero no siempre estás conectado cuando te necesito.
-Dame tu número de teléfono.
-¿Y eso?
-Quiero llamarte.
Me dejó muy sorprendida. Esto era ya algo más.
Iba a escuchar su voz. Se lo di sin pensar.
Sonó el teléfono.
¡Dios mío! Me temblaba todo el cuerpo. Era un número desconocido. Contesté.
-¿Si?
-¡Hola!
-¿Que tal?
-¡Por fin hablamos! Tenía ganas de escuchar tu voz. Que por cierto… es preciosa.
-Jajaja, eso dicen.
Los dos reímos. Creo que el también estaba nervioso aunque se le veía muy desenvuelto.
-Oye, ¿le das tu número a muchos tíos?
-No. No he conocido a nadie tan interesante como para eso.
-Entonces, ¿me consideras un tipo interesante?
-Jajaja – Los nervios me podían. No paraba de reírme. – Pues bastante. No se encuentra gente como tu todos los días.
-Eso me gusta… ¿Tienes planes para esta noche?
-No, me voy a quedar en casa.
-Pues queda conmigo.
-¿Como voy a quedar contigo?
-Quédate en casa. Te llamaré y te prepararé algo que te sorprenda.
-Mmmm… vale. Hasta luego.
Me dejó aturdida. ¿Que quería decir con eso? No lo sabía, pero la idea me gustaba mucho. Este chico tenía algo especial.
Pensé ponerle una melodía especial para saber cuando me llamaba. Pensé en la BSO de Sexo en Nueva York. Me gustaba y le pegaba.
No sabía que hacer en ese rato, así que lo mejor que se me ocurrió fue darme un baño relajante y fantasear con lo que ocurriría.
Me arreglaría, usaría mi perfume favorito y me maquillaría muy sutilmente.
No tenía sentido, lo sé. Pero necesitaba sentirme segura y para eso me tenía que ver bien ante el espejo.
Capítulo 7
Al final el tiempo pasó rápido.
Sonó el teléfono.
Estaba muy nerviosa, no sabía que me esperaba en aquel momento.
-¡Buenas noches cielo!
-¡Hola!
-¿Me has estado esperando?
-Bueno, me ha dado tiempo de hacer un poco de todo – dije, tampoco quería parecer una desesperada -.
-Muy bien. Te he preparado la cena.
-¿Como?
-Unos canapés y vino.
-Jajaja. Estás como una cabra.
-¿No te apetece?
-Pero… - No tenía muy claro que decir, se le veía tan convencido.
-Te dije que tendríamos una cita y así será.
-Ok.
Comenzamos a charlar sobre cosas banales, pero me sentía muy a gusto. Aquel chico me transmitía algo. Yo ya había cenado, pero por lo que se ve, repetí.
De pronto me dijo:
-¿Sabes que me apetece?
-¿Qué?
-Darte un abrazo.
-Jajaja. Si, claro.
-Lo digo en serio, me encantaría poder tocar tu piel. Imagina que te abrazo. ¿Lo sientes?
-Pues… no.
-Cierra los ojos y piensa en mí. Te estoy dando un abrazo muy muy fuerte.
-Esto no tiene sentido.
-Pero no seas dura. Déjate llevar.
-Lo intentaré.
Le obedecí.
Cerré los ojos e imaginé que estábamos en un sofá, junto a una mesa baja con dos copas con un poco de vino. Me sentía bien. Inesperadamente, mi piel se estremeció. Había sentido un roce. Un chico guapísimo me estaba acariciando la espalda mientras entrelazaba sus brazos alrededor de mi cuerpo.
Creía que eso era imposible, pero lo que imaginé fue tan real…
-Ahora, te estoy acariciando el cuello y muy lentamente acerco mis labios hacia él.
-Ajá.
-¿Sientes como mis labios húmedos y mi lengua se deslizan por tu cuello?
-No mucho. Jajaja
-Tía no seas corta punto.
-Aish es verdad, es que no soy capaz de imaginarme que un desconocido me toca.
-Yo no soy un desconocido. Ya sabes muchas más cosas de mi que mucha gente que me conoce.
-De acuerdo.
-Ahora quiero besarte.
-Ok – yo cada vez estaba más inquieta, no sabía a donde llegaría esto -.
-Mientras te beso, acaricio tu pelo y bajo mi mano por tu espalda…
-Me estás poniendo muy nerviosa.
-Relájate. Ahora viene lo mejor.
De mi espalda pasó a partes más concretas y sin ser consciente me veía en mi cama masturbándome junto a él.
Sus jadeos me excitaban. Sentía que era más real que muchas de las relaciones que había tenido en mi vida.
Disfruté. Fue genial. Pero mi cuerpo seguía excitado y no paraba de temblar.
-¿Que te ha parecido?
-Muy fuerte. No me esperaba algo así.
-Pero, ¿te ha parecido mal?
-No lo sé.
-Vaya. No me esperaba esa respuesta. Creía que te había gustado.
-Si me ha gustado, pero… no es normal.
-¿Y que es normal, Loewe?
-No sé pero… - las palabras no me salían de la boca. Me sentía satisfecha pero a la vez avergonzada. ¿Como podía haber hecho eso? ¿Porque me había gustado? ¿Que me ataba a aquel chico? ¿Porque temía que todo hubiera sido una broma y se estuviera riendo de mi?
Decidí despedirme. No tenía mucho sentido la conversación. No tenía sentido lo que yo decía. Necesitaba dormir y verlo desde otra perspectiva.
Capítulo 8
Estuve muchas horas sin poder dormir, dando vueltas y más vueltas en la cama. Pero sin darme cuenta me había dormido.
Estaba aturdida. No sabía si había sido real o tan solo un sueño. Consulté el móvil. Tenía una llamada suya de una hora y 30 minutos.
Había pasado.
¿Y ahora qué?
Tenía que esperar a saber de él. No me atrevía a llamarlo ni a saludarle por el chat.
Me fui a clase, pero fui un zombi todo el día. Ya no pertenecía a este mundo, estaba en otro lugar.
Pasaron los días y poco a poco volví a la estabilidad.
Tardó un par de días en llamarme, pero fue él quien dio el paso, lo que me tranquilizó. No había sido una broma, realmente le interesaba.
Nuestras conversaciones posteriores tuvieron de todo un poco.
Seguimos conociéndonos y a veces nos masturbábamos juntos.
Me satisfacía mucho. Aquel chico me ponía. Sabia que decirme para excitarme. Junto a él me sentía desprotegida. Podía hacer conmigo lo que quisiera. Me tenía en sus manos.
Todo seguía igual. Cuando me llamaba, temblaba. Aunque habían pasado varios meses, cada vez era como la primera. Era el chico perfecto.
Un día decidí llamarle.
-¡Hola!
-¡Hola! ¿Que tal?
-¿Te pillo ocupado?
-No, pero tampoco puedo hablar mucho. Las llamadas internacionales salen muy caras y no me conviene que me llames.
-Ah… Ok.
-No es que no quiera hablar contigo. Te llamo yo, ¿ok?
-Ok.
Ya había pensado que llamarlo yo sería una tontería. Nos cobrarían a él y a mí, pero era muy extraño que su prefijo no saliera en mi teléfono llamándome desde España. No quería preguntarle. Cualquier cosa que me hiciera perderle me daba pánico. Se que es una tontería, pero en mi interior sentía que las cosas no concordaban. Había algo que me ocultaba o directamente me engañaba.
Un día, me atreví y le pedí que nos pusiéramos la cam. Necesitaba saber que era él.
¡Qué casualidad! Se le había partido en un viaje a Japón. ¿Quien se iba a creer eso?
No sé, tampoco es tan raro. En los aeropuertos pasa de todo, pero yo seguía con mi desconfianza. Tenía que decírselo. La duda me pesaba mucho.
-Oye, quiero decirte algo.
-Dime.
-Me parece muy raro que estudies tan lejos, que seas tan guapo y yo te interese y que casualmente no tengas cam… Me estás mintiendo, ¿verdad?
-¡Pero tía!¡Como me dices eso! ¿Es que no confías en mí?
-Es que me suena muy raro.
-Es que si desconfías de mi creo que no tenemos mucho de que hablar.
-Pero… no te enfades. No quiero eso. Solo intento resolver mis dudas.
-Si tienes dudas, ya lo has dicho todo.
Me colgó.
Una lágrima resbaló por mi mejilla. Lo había estropeado todo. Le había perdido.
Me fui a mi cuarto y lloré todo lo que pude. Me sentía tan mal… En la madrugada, me quedé dormida.
A la mañana siguiente, una llamada me despertó.
Era él.
-Hola.
-Hola.
-Perdona por lo de ayer, pero me duele mucho que no me creas. Estoy siendo sincero contigo. Me gustas y no quiero que me veas como un mentiroso.
-Lo sé y yo tampoco quiero que me engañes pero es que es todo tan extraño…
-Dime que me crees.
-Pero…
-¿Me crees?
-Te creo. – Estaba encerrada, si le decía que no, podía perderlo y no estaba dispuesta a eso. Total, ¿que más da? Me gustaba como era, si me mentía era su problema.
-Menos mal, no quería que desconfiaras de mí.
-No pasa nada… - lo dije tan poco convencida que no sé si me creyó.
Esta historia se complicaba por segundos. No podía vivir constantemente pensado que cualquier cosa que dijera podía estropearlo o decepcionarle. Pero se estaba convirtiendo en alguien tan importante para mí… Que mi miedo era inevitable. O afrontaba que me mentía o seguía haciéndome la tonta y dejándome engañar.